Las normas de los aceites sucumben ante el avance de la tecnología

Las normas de los aceites sucumben ante el avance de la tecnología

Última actualización: 15.12.19

 

Durante años, las normas y estándares de las asociaciones profesionales han sido la referencia para los fabricantes de vehículos. Pero los avances tecnológicos y la falta de actualización de las normas están provocando que estas pasen a un segundo plano.

 

En los primeros tiempos del automóvil, muchos de los aspectos que regían su funcionamiento todavía no estaban definidos. Algo que causaba un caos considerable, dado que cada fabricante y cada ingeniero trataba de hacer las cosas lo mejor posible, pero a su manera. La falta de estándares en aspectos fundamentales como los aceites, la medición de la potencia de los motores y otros elementos causaba no pocos problemas, tanto a fabricantes como a mecánicos.

Por suerte, la creación de diferentes asociaciones profesionales como SAE, API o ACEA vino a solventar el problema, creando una serie de estándares por los que debían regirse ciertos aspectos de los motores, los vehículos y sus componentes. Uno de los aspectos fundamentales que han tratado estas normas a lo largo del tiempo son las características de los aceites de motor en cuestiones como rendimientos, temperaturas, viscosidad y otros aspectos clave.

Sin embargo, en los últimos años está apareciendo un distanciamiento entre las normas de estas asociaciones profesionales y los diferentes fabricantes, debido principalmente a la lentitud de estas asociaciones en actualizar sus normas. 

 

Asociaciones lentas y fabricantes rápidos

Si echamos un vistazo a la fecha de aprobación de las últimas normas de asociaciones profesionales relacionadas con el aceite y sus requisitos veremos como la última aprobación de API, la SN, es del año 2011. En el caso de la norma ACEA, las últimas novedades son del año 2012. Así que han pasado más de 7 años desde que las últimas normas se aprobaron hasta nuestros días, sin que haya más novedades al respecto.

 

 

Sin embargo, en estos siete años la industria del automóvil ha evolucionado de forma considerable. Tanto como para que los requisitos de los fabricantes respecto de lo que debe hacer el aceite se hayan disparado. Cumplir con las normas anticontaminación, como la EURO VI, y mantener un alto rendimiento del motor es algo que requiere exprimir al máximo cada componente del vehículo, sin olvidarnos del aceite. 

La prueba de este distanciamiento la encontramos en la existencia de nuevas normas, establecidas directamente por los fabricantes, que se actualizan con frecuencia a medida que los nuevos coches lanzados al mercado tienen necesidades más concretas. En la actualidad, podemos encontrar en torno a 50 normas diferentes lanzadas por los fabricantes, cuyo nivel de concreción y exigencia deja en pañales a las normas de las asociaciones profesionales. Así que las normas de las asociaciones de siempre quedan en un segundo plano.

 

Cómo trabajan los fabricantes

A fin de probar sus motores y sus vehículos, los fabricantes han planteado una línea de trabajo en la que los motores reciben el tratamiento más abusivo posible, incluso por encima de las condiciones normales de uso, a fin de ver su desgaste y comportamiento en estas condiciones extremas. En estas pruebas se someten los motores a rodaje durante miles de kilómetros en pistas especialmente diseñadas para ello, o bien se les hace rodar de forma absurda en carretera. Como muestra, una de esas pruebas es la de rodar a velocidades de 100 o 120 kilómetros sin pasar de una cierta marcha, o bien subir puertos de montaña en 1ª o 2ª marcha y a altas velocidades.

Obviamente, este tratamiento de los motores no es el habitual en condiciones normales de uso pero si sirve para forzar su comportamiento, detectar posibles problemas y ver el nivel real de deterioro de los motores. Un procedimiento que supone desmontar los motores una vez que han sido sometidos a dichas pruebas y medir mediante láser tanto el desgaste como las posibles deformaciones que hayan podido sufrir los diferentes componentes del motor. Un maltrato que el aceite debe paliar, en la medida de sus posibilidades.

 

Cómo trabajan las asociaciones

Frente a este sistema de pruebas, en el caso de las diferentes asociaciones se hace necesario contar con un gran número de ensayos, un gran número de pruebas y un procedimiento que garantice tanto la precisión como la replicación de los resultados. Esto es, que los resultados sean consistentes y por tanto se repitan a lo largo del tiempo y en condiciones similares. Un proceso que requiere de mucho más tiempo del que emplean los fabricantes para actualizar sus vehículos, considerando que apenas pasan dos o tres años hasta que salen nuevos modelos al mercado. Como prueba, el desarrollo de la última norma API llevó nada menos que 7 años. No obstante, las anteriores si requirieron de apenas 3 o 4 años para su desarrollo, por lo que resulta algo extraño que esta última norma haya sido “tan lenta”.

Sin embargo, hay una cuestión adicional. Las normas de las asociaciones establecen mínimos que los aceites deben cumplir, a fin de recibir la correspondiente certificación. Unos mínimos que suelen ser bastante básicos y que no cumplen con las necesidades específicas que pueden tener los fabricantes. De aquí que sea cada vez más frecuentes las normas propias de cada fabricante de vehículos, con las necesidades que requieren sus motores, cumpliendo obviamente las normas de fabricantes, aunque esto sea algo que no aporte mucho al aceite hoy día.

 

 

Los fabricantes de aceite, en favor de las normas propias

Llegados a este punto nos queda un tercer elemento en este triángulo, que son los fabricantes de aceites. Al igual que ocurre con las empresas automovilistas, estos fabricantes de aceites también han adaptado sus productos conforme a las exigencias específicas de los motores más modernos, de modo que sus aceites sean capaces de hacer aquello que la marca del vehículo exige.

Una cuestión que no es nueva, dado que hace ya muchos años que las empresas que desarrollan lubricantes y las que desarrollan motores trabajan de la mano, creando aceites personalizados a las características específicas de cada vehículo. Un planteamiento que perdurará siga a lo largo del tiempo, ya que el cumplimiento de las normas profesionales, ya viene prácticamente de serie. Así que a este fabricante solo le queda adaptarse a lo que la norma del fabricante del motor exige para ofrecer productos adaptados a una cantidad creciente de vehículos. Algo que garantiza que el mejor aceite 5w 30 (Aquí puedes encontrar unas opciones para comprar), 10W 40 o del tipo que corresponda nos ofrezca la máxima calidad de lubricación, sin importar más que lo que tu coche necesita.

 

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