Las gafas de sol, la evolución de un artículo imprescindible en el día a día

Las gafas de sol, la evolución de un artículo imprescindible en el día a día

Última actualización: 11.11.19

 

Nadie niega que entre los sentidos que nos acompañan día a día y nos hacen percibir el mundo de una manera personal y única, la vista podría calificarse por muchas personas como el que valoran más, o sin el que les resultaría todo más difícil.

Quizá en gran parte esto sea debido a la ubicación que tiene en el cuerpo, que está nada más y nada menos que en la cabeza. Además, no podemos dejar de lado el importante hecho de que los ojos no solamente recogen información del mundo que nos rodea, sino que también la ofrecen a quienes están cerca de nosotros. Así, el estado de ánimo, de salud, etc, pueden percibirse por otros a través de ellos.

Desde el punto de vista de la importancia que damos a este sentido, no es de extrañar entonces que le tomemos un especial cuidado y que la humanidad desde tiempos muy remotos se haya dado a la tarea de estudiarlo y proporcionarle curiosos inventos, todos con la finalidad de resguardar tan importante tesoro de cualquier condición adversa o bien de potencializar su capacidad para percibir.

 

Del marfil al plástico, una historia de miles de años

Si partimos de la prehistoria, ya es posible encontrarnos con vestigios de este útil accesorio. Pues los inuit que poblaban las heladas tierras árticas de América del Norte, ya utilizaban un artilugio de marfil de morsa, que tenía como finalidad reducir los incómodos rayos solares que se reflejaban en el hielo y les lastimaban la vista durante sus travesías.

También hay información muy interesante proveniente de la antigua Roma, en donde podemos encontrar relatos que describen al emperador Nerón utilizando gemas pulidas, para observar espectáculos de gladiadores con mayor claridad. Estos son sólo algunos de los ejemplos que podemos citar y que están relacionados con una incesante actividad por parte de los inventores ingeniosos de estos tiempos, que se daban a la tarea de crear toda suerte de objetos, que pudieran ayudar al sentido de la vista a cumplir con su función con distintos propósitos.

Ahora bien, si nos enfocamos de nuevo en la intención de bloquear el paso de la luz hacia los ojos para protegerlos, podemos encontrar varios esfuerzos notables que se consiguieron a partir de objetos traslúcidos. Por ejemplo en la China del siglo XV, hay varios datos que apuntan a que el cuarzo ahumado fué utilizado para cubrir los ojos de jueces, sin que esto les impidiese la posibilidad de ver. Esto se realizaba con el objeto de mantener en el anonimato la expresión de sus ojos durante los juicios, lo que resultaba importante, pues evitaba que fuese percibida por el resto de las personas presentes.

 

 

Por supuesto en este momento no había conocimiento con respecto al daño que los rayos UV podrían hacer en los ojos y los inventos que surgían no tenían ninguna intención de reducirlos. Pero los artilugios creados en estas épocas cumplieron bien con su propósito, que era el de permitir una visión más cómoda cuando la luz a la que los ojos estaban expuestos era intensa.

Un avance notable en el diseño de las gafas, que las hizo más parecidas a lo que conocemos en la actualidad, fué el aporte del inglés James Ayscough. A él se le ocurrió que por medio de un par de varillas sujetas en las orejas sería mucho más sencillo mantener las lentes en una ubicación fija sobre los ojos y agregaría un detalle más, que significó toda una revolución en este aparato.

Se trataba de un par de bisagras laterales para hacer más sencilla la adaptación. La movilidad de esta sección era una novedad que a muchos agradó. James había sido anteriormente el discípulo de un óptico, lo que le dió la comprensión suficiente para idear esta genial opción. Sin embargo, resulta curioso que el científico dedicara sus esfuerzos principalmente a la producción de microscopios, sin sospechar que pasaría a la historia por este aporte.

Volviendo a su diseño; puede ser que al comparar las gafas de Ayscough con las actuales no sean algo que consideremos demasiado estético, pero definitivamente hizo que llevar gafas fuese cómodo en comparación a lo que en ese momento existía. Transcurría en ese momento el año 1752 y este suceso, junto con su creación de cristales tintados de verde o azul para tratar algunos defectos de visión, fueron dos factores que se tomarían como precursores de las gafas de sol que conocemos hoy en día.

 

Corrección o estilo… ¿Por qué no ambas cosas?

Como sucede en muchas ocasiones, el hecho que este accesorio se volviera popular entre los actores de Hollywood le dió un gran impulso. Así comenzó a difundirse su utilización entre las personas volviéndose una tendencia. De esta forma también, comenzó a volverse una industria económicamente prometedora para los inversionistas en busca de nuevos negocios.

Sin embargo, a pesar de que desde principios de 1900 ya eran populares entre los actores, no fué sino hasta 1929 que lograron convertirse en un artículo producido de manera masiva y a costes considerados como asequibles, lo que hizo posible que casi cualquier persona tuviese acceso a un par. Esto se debió en gran parte a Sam Foster, un hombre que se dedicaba originalmente a producir peines para el cabello.

 

 

Su original negocio comenzó a tener problemas económicos, debido a que la moda en las mujeres cambió para dar paso al cabello corto, por lo que enfocó sus energías a aprovechar las técnicas más recientes en ese tiempo para modelar plástico y destinarlas al mercado de las gafas de sol, que comenzaban a volverse populares. Desde que vendió su primer par en el paseo marítimo de Atlantic City hasta que se volviera toda una celebridad de las gafas pasaron varios años, pero es destacable la tecnología y moldes que logró fabricar, para dar lugar a sus creaciones.

A este empresario que impulsó la producción de gafas, se sumó la necesidad de los pilotos de la fuerza aérea de los Estados Unidos, que en sus vuelos tácticos informaban que debido a la exposición a los rayos solares intensos, no tenían la precisión necesaria para realizar maniobras delicadas.

De este hecho, surgió una petición oficial y específica que se otorgaría a la empresa Bausch & Lomb, quien se encargaría de diseñar uno de los modelos más icónicos de este accesorio; las Ray-Ban Aviator, que posteriormente se convertirían en una pieza básica más del uniforme oficial de las fuerzas aéreas en la Segunda Guerra Mundial.

Este modelo comenzó a venderse al público en general en 1937 dejando grandes ganancias a la empresa y no han sufrido gran cambio desde entonces, pues los clientes las consideran como un clásico, por lo que continúan solicitando que se fabriquen con las mismas características básicas que las de antaño.

Posterior a este auge de las gafas, ya podemos encontrar una gran diversidad de estilos y seguramente continuarán evolucionando. ¿Cuál será el siguiente paso?

 

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