Casi un siglo después rescatan el “frigorífico de Einstein”

Casi un siglo después rescatan el “frigorífico de Einstein”

Última actualización: 08.12.19

 

Que Albert Einstein fue un genio científico es algo que hoy está libre de toda duda. Lo que no sabíamos, al menos hasta ahora, es que entre sus diseños también había un frigorífico que funciona sin electricidad y que puede hacer muy fácil la vida allí donde la electricidad no llega.

 

Tal como le pasó en su día a otros grandes genios como Édison, también Einstein tuvo algunos momentos en los que se retiró un poco de su objetivo principal. Y es que mientras se dedicaba al estudio de la física y a desarrollar todo tipo de teóricas respecto del universo, también tenía tiempo para algo más mundano, como buscar la forma de mejorar los frigoríficos de la época. Un invento poco conocido de este genio que varias compañías quieren rescatar, a fin de llevar esa refrigeración allí a donde hoy día no puede llegar y donde la elección del mejor frigorífico o nevera es un problema, por la falta de energía y recursos.

 

El detonante

Esta historia comienza un día del año 1926, cuando Einstein lee una noticia relativa al fallecimiento de una familia a causa de los gases tóxicos que había emitido el frigorífico que tenían en casa. Algo que no era demasiado habitual en la época pero que sí ocurría ocasionalmente y que estaba causado principalmente por el tipo de gas refrigerante que estos productos usaban antaño.

No se sabe bien si fue la pena que le generó esta noticia, el hecho de tener delante un reto al que enfrentarse o una mezcla de los dos, pero el caso es que la noticia impactó en el genio alemán y se marcó como objetivo establecer una nueva forma de refrigerar a los alimentos que, además, no fuera tan insegura como las primitivas neveras que empezaban a aparecer en los años 20.

 

 

La idea de Einstein

A fin de darle forma a su invento, Einstein recurre a un joven Leo Szilard, graduado de la universidad de Berlín y experto en termodinámica, quien aporta al genio los conocimientos necesarios como para empezar a trabajar en una versión mejorada del actual sistema de enfriamiento. Como prueba de la genialidad de este ingeniero, suya es la patente de la Bomba Atómica, que tan tristemente efectiva resultaría unos años después.

Este sistema constaba de un circuito cerrado, en el que se usaba un fluido refrigerante para absorber el calor del interior de la nevera, volcando el mismo al exterior mediante una batería de condensadores y similares. El problema principal es que este modelo inicial usaba amoniaco y dióxido de sulfuro como refrigerantes. Gases cuyo efecto sobre la salud no es precisamente recomendable.

Dentro de las opciones que estos dos ingenieros tenían en su momento para intervenir, dedujeron que la presencia de partes móviles en el interior del modelo podría ser causa de averías y de las fugas de gas que causaban esos accidentes. Por eso, diseñaron un nuevo compresor, con el que mantener el flujo a lo largo de la pieza pero con un menor índice de averías y una mayor eficiencia, lo que influía de forma directa en la seguridad del producto. Todavía quedaba lejos el poder cambiar los líquidos refrigerantes y otros avances que apenas han llegado a nuestras neveras.

 

Una idea truncada por la historia

Tal sería la eficiencia del invento de Einstein y Szilard que apenas un año después, en 1927, la firma sueca Electrolux compraría las patentes relativas a este nuevo compresor y las neveras en las que se instalaría. La experiencia de este fabricante permitiría resolver algunos de los problemas que los prototipos originales tenían, como la alta cantidad de ruido generada durante el proceso de uso debido al desplazamiento del mercurio en su interior. Algo que abría las puertas a que el producto fuera lanzado al mercado comercialmente hablando.

Sin embargo, las circunstancias se confabularon para que la idea no pasase de la mesa de diseño. Por una parte, estamos cerca del famoso crack del 29, en el que la considerable crisis económica fue un grave problema para todos. Por si fuera poco, la república de Weimar todavía sufría parte de los efectos de su propio proceso de hiperinflación, como efecto de la Primera Guerra Mundial. Y por si no fuera suficiente, el auge del partido nazi en Alemania acabó por exiliar a los creadores del invento, lo que provocó que su idea quedase en un cajón, hasta nuestros días.

 

 

Recuperado 80 años después

Llegados a este punto, es curioso como un producto con más de 80 años de historia pueda resultar interesante hoy. Uno de los motivos tiene que ver con el propio diseño sin partes móviles del producto. Este diseño hace que los frigoríficos así fabricados sean mucho más duraderos, no necesiten de mantenimiento y, por tanto, puedan enviarse a zonas remotas y alejadas, sin tener que preocuparse el vendedor de tener servicio técnico o recambios a mano.

Otro aspecto interesante es que hablamos de un producto que no utiliza electricidad, sino que tiene un funcionamiento puramente mecánico, lo que es algo fundamental en un mundo como el actual. Recordemos que a día de hoy son cerca de mil millones de usuarios los que no tienen acceso a la electricidad, lo que supone un grave problema para acceder a algo tan sencillo como la refrigeración de alimentos. Así que este frigorífico independiente podría ser muy importante para estos usuarios.

No obstante, es cierto que el producto actual también debería pasar por un proceso de actualización, que debería empezar por cambiar los elementos utilizados en la refrigeración interna del producto. Hoy día, tanto el mercurio como el sulfuro son elementos tóxicos y que no podrían utilizarse. Por otra parte, también sería preciso valorar cómo adaptar el producto a los tiempos modernos, en lo que a materiales se refiere, a fin de dar un mejor rendimiento al equipo. Así que con el tiempo veremos si finalmente esta vieja idea de Einstein puede por fin convertirse en una realidad.

 

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