La realidad sobre el reciclaje de tu frigorífico

La realidad sobre el reciclaje de tu frigorífico

Última actualización: 14.12.19

 

Cuando cambias tu frigorífico por uno nuevo, la empresa que lo trae te retira el viejo y lo lleva a reciclar. Esa es la teoría, porque desgraciadamente la práctica es mucho más sucia y mucho menos ecológica.

 

Uno de los problemas de nuestra actual sociedad de consumo es que generamos una gran cantidad de basura. Basura que puede ser convencional, como la de nuestros alimentos o los envases que los contienen, pero también más compleja, tal como pasa con los productos electrónicos, los electrodomésticos y otros objetos que usamos a diario. Algo que ha llevado a los poderes públicos a establecer una serie de leyes y normas que obligan al reciclaje de tales productos, de modo que si comprar el mejor frigorífico del momento para reemplazar a tu vieja nevera, ese producto usado sea reciclado y tratado conforme a su peligrosidad.

Sin embargo, un vistazo a la realidad nos demuestra que esta es muy diferente, lo que provoca un problema ecológico, un engaño a los consumidores y un enriquecimiento ilícito por parte de quienes, en teoría, deberían de reciclar estos residuos. Veamos un poco más en detalle este aspecto.

 

Lo que dice la ley

Lo primero que vamos a ver es lo que nos dice la ley al respecto. Para ello tenemos que echarle un vistazo al Real Decreto 110/2015, donde se recoge el proceso por el que deben tratarse estos electrodomésticos fuera de uso. Entre lo que dice esta ley se establece que los electrodomésticos usados deben recogerse por parte de las tiendas, incluyendo los comercios online, y enviar los mismos a centros de tratamiento adecuados. En estos centros, los productos se convierten en materias primas aprovechables, al tiempo que se impide su vertido descontrolado y la contaminación que pueden generar sus elementos.

En el caso de los frigoríficos, uno de los problemas lo tenemos con los gases. Muchos de los gases que antaño se usaban para aparatos como aires acondicionados o frigoríficos son altamente contaminantes, siendo causantes del tan famoso efecto invernadero. Y aunque en la actualidad se usan gases respetuosos con el medio ambiente, lo cierto es que sigue siendo necesario el tratamiento de estos gases, así como el resto de residuos que generan, para evitar esa contaminación.

Es importante recordar que este proceso no es gratuito, aunque las empresas nos digan que sí. Cada electrodoméstico nuevo que compramos conlleva el pago de una tasa por parte del usuario, en función de sus características. De esta tasa surge la obligación del reciclaje por parte de las empresas, que son quienes la cobran. Algo que conlleva una carga económica considerable para el usuario y pingües beneficios para las empresas recicladoras

 

 

El proceso legal

El proceso legal para el reciclado de estos electrodomésticos es bastante sencillo. El mismo comienza con la recogida de los electrométricos viejos, que una vez retirados se deben llevar a un centro de tratamiento autorizado. Estos centros disponen de la maquinaria y el personal para convertir estos residuos peligrosos en algo inocuo para el medio ambiente.

En este proceso se eliminan los gases y líquidos refrigerantes, en el caso de los frigoríficos, así como los plásticos y metales, separando todos los elementos que sean aprovechables y que puedan recuperarse.  Esta es la otra fuente de ingresos que tienen las empresas gestoras, aparte de la recaudación correspondiente a las tasas que ya hemos mencionado.

 

Lo que ocurre en la realidad

Lo que hemos visto es la teoría. Pero este proceso no siempre cumple en la práctica. Una situación que se produce desde la propia recogida al usuario hasta su llegada a la planta de tratamiento, en la que se emplean sistemas de achatarramiento ilegales, en los que se extraen los materiales que sirven para algo pero el resto de residuos tóxicos y basuras se depositan en el medio ambiente o en basureros convencionales. Un proceso mucho más barato para esa empresa ilegal, que se queda “solo con lo bueno” por decirlo así.

Otro de los problemas existentes al respecto es la deriva de estos residuos a terceros países. Una cuestión relacionada con el aspecto económico, dado que porque son muchas las empresas a las que les sale mucho más a cuenta desechar a terceros países estos electrodomésticos viejos antes de proceder a su reciclaje, tal como deberían hacer conforme a su obligación legal. Esto genera enormes ciudades de basura tecnológica que se acumulan en estos países y que no reciben el tratamiento adecuado. Algunos de ellos, los menos, se destinan al mercado de segunda mano, mientras que el resto sirve para que personas sin recursos se busquen la vida aunque sin salir de su miseria.

Un contexto que podemos ver en países como en Zimbabwe, Ghana y otros puntos de África, pero también se derivan a Asia, a zonas como La India, Pakistán o China. Casualmente a nadie le preocupa el movimiento de estas toneladas de basura tecnología por nuestros mares y la laxa legislación al respecto de muchos de estos países. Algo al o que se añade la más que conocida corrupción de muchos de ellos, que facilita a estas empresas la exportación de esa basura electrónica que deberían reciclar y tratar convenientemente. Algo que incumple diferentes leyes, como la Convención de Basilea de las Naciones Unidas, que data de 1989 y prohíbe específicamente la exportación de basura electrónica a países en desarrollo

 

 

Hacen falta soluciones

En este contexto, es obvio que el problema existe y es muy grave. Como prueba, en España apenas se recicla el 10 % de la basura electrónica que se genera. En números absolutos hablamos de que solo se tratan 60.000 de las más de 700.000 toneladas de electrodomésticos y productos similares que generamos cada año. Algo que podría resolverse si las administraciones, como siempre la parte más débil del circuito, forzasen a las empresas a cumplir con el circuito legal y por el que cobran.

Una cuestión que, por ahora, parece estar lejos de producirse, pero que se antoja imprescindible, a menos que queramos que la basura electrónica siga presente en los vertederos convencionales o bien que viaje a terceros países. La otra parte de colaboración es la que tenemos los ciudadanos, procurando reducir la cantidad de estos residuos que desechamos. Aunque sin un adecuado control de los mismos esto dará igual, pues los pocos que desechemos seguirán yendo a donde no deben ir.

 

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