La Unión Europea combatirá la obsolescencia programada

Última actualización: 02.03.21

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La poca durabilidad de los artefactos eléctricos es un inconveniente que no sólo afecta los bolsillos de las personas, sino que crea cada vez más desechos dañinos para el medio ambiente, por lo que la Comunidad Europea está buscando la manera de controlar a las empresas fabricantes con el objetivo de disminuir este problema.

 

Es innegable el aporte que el mundo empresarial hace a la economía de Europa, sin embargo, en su afán para incrementar la productividad y las ventas, también ha surgido la llamada obsolescencia programada; que no es otra cosa sino la planificación del fin de la vida útil de los aparatos, para que después de un corto período de tiempo queden inútiles u obsoletos, de modo que los usuarios se vean en la obligación de comprar productos nuevos.

La obsolescencia programada no se trata de una leyenda urbana. El tiempo de durabilidad del producto es calculado por los fabricantes con mucha anterioridad, desde que los aparatos están siendo diseñados. En realidad, este no es ningún oscuro secreto, las empresas necesitan conocer estos datos para saber cuál será el tiempo de garantía de cada producto. 

El problema inicia por la omisión de información por parte de algunos fabricantes, que ocultan a los usuarios el verdadero período de vida útil de los aparatos. De esta forma, se aseguran de que las ventas nunca caigan, sino que sigan en aumento, lo que favorece al capital de las empresas y de forma indirecta a la economía de la región, pero también termina causando, entre otros inconvenientes, un gran impacto ambiental.

Los contras de la obsolescencia programada

Todos sabemos que en el pasado los aparatos eléctricos eran más duraderos, es por eso que podemos encontrar en casa de la abuela una lavadora Miele o de cualquier otra marca reconocida que tiene más de 20 años y todavía funciona correctamente. Esto es posible no sólo por la altísima calidad del producto, sino también porque existía un sistema eficiente de atención posventa, que incluía la reparación y venta de recambios a precios asequibles.

En la actualidad, lamentablemente el servicio posventa está disminuyendo cada vez más, al mismo ritmo que ha caído la producción de recambios, por lo tanto, los precios de las piezas van en aumento y cuando los usuarios hacen las cuentas, la suma de la mano de obra más el recambio es muy alta, por lo que muchos prefieren tirar el aparato a la basura y comprar un modelo nuevo. 

Sin darse cuenta, los usuarios están siendo obligados a adquirir cada vez más aparatos, lo que implica un gasto considerable de dinero, pero sobre todo, genera una cantidad excesiva de desechos sólidos y altamente contaminantes. De este modo, la obsolescencia programada por un lado genera puestos de trabajo y mayor circulación de dinero en la economía, pero también podría destruir el mundo en el que vivimos. 

 

Las acciones de la Unión Europea frente a la obsolescencia programada

Recientemente, la Comisión Europea, con sede en Bruselas, en su rol de poder ejecutivo ha anunciado un proyecto de economía circular, que consiste en evitar la entrada de materia prima virgen y al mismo tiempo disminuir la producción de desechos. Esto supondría una intervención en el ciclo de vida del producto que permitiría una mayor sustentabilidad.

La economía circular está íntimamente relacionada con el reciclaje, pero en esta oportunidad la Comisión Europea quiere aplicar unas medidas reglamentarias para que las empresas aumenten el período de vida útil de los productos, mediante una mayor eficiencia y reparabilidad, de modo que los usuarios puedan mantener en buen estado y reutilizar los aparatos.

 

La presión de los usuarios

Las acciones tomadas recientemente por la Comisión Europea no serían posibles sin las denuncias de los usuarios. Existen varias agrupaciones que velan por los derechos de los compradores, tal es el caso de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), que ha realizado un estudio donde se revela que el 28 % de las denuncias por avería corresponden a los teléfonos móviles.

En 2017, a los representantes de la marca Apple no les quedó más remedio que admitir el uso de la obsolescencia programada en sus teléfonos inteligentes. La estrategia consistía en solicitar a los usuarios una actualización del sistema operativo en sus móviles, sobre todo de los iPhones 6 y 7, lo que producía que los dispositivos funcionaban cada vez peor, mucho más lentos para realizar las tareas, mientras que las baterías duraban menos tiempo. De esta forma, no tenían otra opción sino comprar el nuevo modelo.

En aquel entonces, Apple no informó a los usuarios que la nueva actualización causaría estos problemas en sus equipos y tampoco permitió la posibilidad de volver al sistema operativo anterior, por lo que aquellos teléfonos simplemente quedaban obsoletos aunque su estructura física estuviera intacta. Como consecuencia, la empresa fue multada en Francia por la Dirección General de la Competencia, el Consumo y la Represión del Fraude, por lo que tuvo que pagar 25 millones de euros.

Sin embargo, esto no ha dejado demasiado contentas a las organizaciones de usuarios, que continúan denunciando la poca durabilidad de los aparatos eléctricos, incluyendo los electrodomésticos más utilizados en el hogar. Por ejemplo, la investigación de la OCU reveló que un frigorífico tiene una vida útil de 13 años aproximadamente, siempre que se haga mantenimiento preventivo periódicamente. 

Pero, aunque compremos la mejor lavadora Miele, Bosch o de cualquier marca de prestigio, como máximo durará 10 años o unos 2.500 lavados. Según la OCU, las piezas de recambio de estos electrodomésticos suelen ser caras y difíciles de conseguir. Además, la reparación cuesta demasiado dinero y un gran porcentaje de usuarios prefieren adquirir una nueva.

Otros 2 dispositivos eléctricos que se dañan rápidamente, según este estudio, son las impresoras de inyección de tinta, que tienen cabezales de impresión de corta duración y los aspiradores domésticos, a los que se les avería el motor o la batería en menos de tres años de uso. Es por esto que los usuarios continúan denunciando y la organizaciones canalizan estas demandas hacia las autoridades competentes, con el objetivo de lograr un cambio en el diseño y fabricación de los productos.

 

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