Cómo es la revisión oficial de nuestro termo

Cómo es la revisión oficial de nuestro termo

Última actualización: 06.12.19

 

Los termos eléctricos deben ser revisados cada cinco años por un técnico especialista, a fin de garantizar su buen estado y funcionamiento. Conocer el procedimiento que se sigue en esta revisión es fundamental, para saber qué esperar de la misma.

 

Tal como pasa con nuestra caldera, nuestra lavadora o con cualquier otro producto de uso continuo y complejo que tengamos en casa, una revisión y un control periódico de su estado es algo fundamental. Entre otras cosas porque es la mejor forma de evitar problemas futuros y de prevenir averías graves, que puedan tener un mayor coste al de ese mero mantenimiento preventivo.

En el caso de los termos eléctricos, es importante recordar que la actual normativa que rige el funcionamiento de este tipo de instalaciones establece, desde el año 2015, la obligatoriedad de verificar cada cinco años el estado general de este tipo de productos. Todo ello con independencia de lo que nos diga el fabricante, que puede establecer periodos diferentes y más breves de revisión, bien por cuestiones de garantía o simplemente por verificar el buen estado de dicha instalación y del propio dispositivo.

Lo que no siempre sabemos es en qué consiste esa revisión. Sabemos que el operario se va a presentar en casa, va a hacer algunas cosas en el termo, nos va a pasar una factura considerable y poco más. Así que si podemos saber qué es lo que se revisa exactamente en este proceso y cuáles son los puntos que se controlan, siempre será mucho mejor para nosotros. Para que lo tengas claro, vamos a empezar a arrojar luz sobre el asunto, de modo que si has dedicado tiempo a buscar el mejor termo eléctrico (En este enlace puedes encontrar algunas opciones de compra) para tu hogar, también sepas cómo mantenerlo en perfecto estado por más tiempo.

 

 

Verificación del agua y el ánodo

Lo primero que hará el técnico es revisar la calidad y la dureza del agua de nuestro entorno, aunque en muchos casos es probable que el operario no lo necesite si está acostumbrado a trabajar en la zona. Esta medición, el conocimiento del grado de dureza del agua, es fundamental para estimar el nivel de deterioro del producto en función del estado del resto de elementos del equipo. Dicho de otro modo, cuanto más dura sea el agua, mayor deterioro se espera de las piezas interiores del termo.

Una de las piezas fundamentales es el ánodo de magnesio que hoy día todos los termos montan en el interior. Este ánodo tiene la función de absorber toda la cal posible que, en otras circunstancias, se incrustaría directamente sobre la resistencia del termo. Dado que el magnesio tiene una mayor capacidad para atraer esa cal, el ánodo es responsable de reducir la cantidad de cal presente en la zona de la resistencia, que es la más sensible de todas las que encontramos en el interior del termo. 

En caso de que el ánodo de magnesio esté muy gastado o deteriorado, es posible que sea necesario reemplazarlo. Una operación cuyo coste es variable, dependiendo de la capacidad que tenga el termo, así como su fabricante. Pero como referencia, el coste de esta reparación ronda los 50 o 60 euros. Una cantidad que puede llevar a pensarnos si nos merece la pena proceder o bien cambiar el termo por uno más moderno y más eficiente, en términos energéticos.

 

Comprobación de la resistencia

Otra comprobación necesaria durante el proceso de revisión del termo eléctrico es la que se realiza sobre la resistencia. Y es que, a pesar de los esfuerzos del ánodo de magnesio por evitar la presencia de cal en esta zona, es inevitable que algo de este contaminante vaya a parar a la zona de la resistencia.

Es importante saber que algunos termos tienen un diseño no optimizado, que provoca que la resistencia y el ánodo de magnesio estén muy juntos. Esto provoca que parte de los depósitos de cal pueden situarse entre el ánodo de magnesio y también sobre la resistencia, formándose la correspondiente capa de material inútil sobre la misma. Por eso se lleva a cabo la revisión de la resistencia.

En este caso, el técnico sí puede limpiar la resistencia de la cal acumulada en caso de que sea necesario. Esta limpieza permite que la resistencia recupere su estado original y que pueda calentar casi con la misma capacidad que el primer día. Algo que va a reducir el tiempo que tarda el termo en calentar el agua y que también va a ser muy útil a la hora de ahorrar energía, dado que el agua ahora tendrá contacto directo y real con la resistencia, sin una capa inútil de cal por medio.

 

 

Revisión general

Como último paso, el técnico va a verificar el estado de todas las conexiones eléctricas del termo, al objeto de ver que el estado general de las mismas sea el adecuado. Un proceso en el que se verifica que no haya cables pelados, mal conectados o en mal estado. Lo mismo se hace para la zona exterior del termo, verificando que el cable exterior y el enchufe correspondiente tengan un estado adecuado como para surtir de energía al termo sin complicaciones.

También se verifica el estado general del termo, en su exterior, comprobando que no haya fugas, marcas de oxidación y otros elementos que puedan reflejar un deterioro del producto que precise de reparación o sustitución del dispositivo en cuestión. Lo mismo ocurre con los manguitos y demás conexiones de fontanería, que se revisan en búsqueda de fugas, dobleces y otros problemas similares derivados del uso o del paso del tiempo.

Todos estos aspectos se deben reflejar en un documento de revisión, que el técnico debe entregarnos junto con la factura del servicio. Estos dos documentos deben conservarse, a fin de certificar que hemos pasado la correspondiente revisión obligatoria general, pero también para que tengamos un documento de referencia al que atenernos en caso de que haya algún problema posterior.

 

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